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Los gallegos son inquietantes. Siempre están haciendo preguntas, aunque casi siempre sepan la respuesta. Es una estrategia básica de acercamiento y defensa frente al ajeno, sea gallego o gentil. Les pemite conocer el punto de vista de enfrente y contrastar si concuerda con el suyo. La motivación básica es evitar la contradicción, pero unicamente por no molestar. Galicia es una potencia de anfitrionología. Cuando un gallego encuentra a otro, cada uno tiene su opinión. Transcurridos unos minutos -por no incomodar ya digo- un gallego concuerda con el punto de su interlocutor, pero en ese momento su interlocutor había aceptado que estaba equivocado y le estaba dando la razón. Al final, como desconocen el argumentario de partida, ambos improvisan una síntesis hegeliana. Son dos gallegos con tres opiniones. Las opiniones gallegas florecen en un año con una sola estación: una primavera de Praga que es un ciclo eterno de principio y fin. Pero la pregunta, la gran y única pregunta que se hacen ahora, comenzó a formularse en el tiempo de la matanza de cerdo, allá por el San Martiño decemberino y helador. Aún nadie ha llegado al final de la entonación interrogativa: ¿Se presentará Feijóo o se irá a Casa Zara? Lo de casa es un juego de palabras muy de monologuista de LaSexta, porque la novia del presidente de la Xunta, Eva Cárdenas, dirige Zara Home y se rumorea que Amancio Ortega lo tentó con el sonido conmovedor de su Stradivarius tocado en tono de fundación internacional del emporio. El Partido Popular de Galicia, que, como todos los partidos populares, está compuesto por muchos miembros, pero habla por una sola boca, dice -con la boca del jefe parlamentario, Pedro Puy- que el líder repite; que sigue en el ajo, vamos. El PPdeG lo plantea como Feijoo o el caos, y en la oposición que sube En Marea responden como en el chiste de Ramón: ¡El caos, el caos!

Y eso que todavía que falta la tercera opinión...