HAY MÉDICOS MALOS y buenos enfermos. Y viceversa. El escritor austríaco Thomas Bernhard debió de ser un paciente irritante. Alimentaba unas relaciones tensas con los especialistas que lo trataron del pulmón. Los mejores doctores de Europa consultaban en su Viena. Bernhard estaba convencido de ser mal enfermo por culpa de los profesionales. Como no sabían curar, hacían diagnósticos incomprensibles: "Sitúan el latín entre ellos y sus víctimas". El latín nunca se me dio bien pese a que lo estudié en Ribadeo. La dentadura inestable de mi profesora se interponía entre yo y el aprobado. No la comprendía cuando explicaba. El cinco era mi estrella inalcanzable. Puede que el músico Iván Ferreiro tuviese en Nigrán -que es un villa de la Gallaecia, como Ribadeo- una profesora a la que no se le movía la dentadura cuando pronunciase pedes in terra ad sidera visus. Ferreiro lo canta en Cómo conocí a vuestra madre: "Los pies en la tierra, la mirada en el cielo". Me parece que el padre de Manuel de Lorenzo le enseñó una valiosa frase en latín: Ad astra per áspera. Este salmo advierte de que a las estrellas se llega por el camino más difícil. Una vez se lo leí en la cara interior de un brazo. De Lorenzo estaba comiendo dos mesas al noroeste de la mía, en el restaurante O Pingallo de Ourense. No todos los marineros saben latín, pero saben que la estrella que persiguen cuando zarpan se encuentra al otro lado de los peligros de la travesía. Esa estrella les proporciona valentía, aunque saben que nunca tocarán su plasma áspero, frío y azul con la punta de los dedos.