amircangothic

Camino contra el sol por los campos de Ove, que descienden hacia Ribadeo. La luz cae como nuestro tiempo de vida. Al morir nos volvemos un poco más bajitos, creo que unos centímetros; aunque no lo sé por ningún tratado científico, sino porque se lo leí a Pierre Michon en un cuento. También nos volvemos más plácidos. Los viejos andan siempre incómodos cuando caminan ya hacia el sol del atardecer porque nadie les ha explicado en que consiste la muerte: si escuece o si deslumbra. Nadie los ha informado de si la muerte molesta más que apagar la luz cuando estás muy cansado, pero quieres seguir viendo la película. Pero no tiene nada de enervante. Tienes que guardar unas horas de reposo para dar tiempo al cuerpo a adaptarse a ese nuevo estado, que es desagradable e irritante como ponerse a régimen severo, pero después puedes salir a la calle con normalidad. En la noche de ayer estuve viendo La noches de los muertos vivientes y, bueno, los fallecidos non tenían atributos singulares. Había uno con la camisa recogida en el pantalón por un cinturón de cuero, y una señora un poco loca y un poco despeinada, y un hombre de mediana edad al que la muerte había sorprendido en albornoz y que caminaba con el cinturón desatado y el albornoz abierto. Bueno, como pasa en la vida.