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Anne Carson sabe que la belleza convence. Tiene un libro de poesía sobre la certeza que desprende la belleza, La belleza del marido. La belleza es sólida y garantiza. La protagonista de Revolutionary Road, April, se somete a la belleza física y profesional de su marido hasta que un día decide dar un paso adelante y presentarse como voluntaria en el frente de la vida: dejarán Estados Unidos y el empleo de Frank para vivir en París sobre la espalda del trabajo de ella. Sí, se largarán de una santa vez, con sus dos hijos y será ella quien tome las decisiones después de haber tomado la decisión de cerrar su casa. Pero la belleza convence. "Sabes que la belleza hace posible el sexo". Y ella rinde toda su ambición al placer con su marido y se queda embarazada. Y ambos deben agarrarse nuevamente a la belleza profesional de Frank, al que acaban de ascender. April sigue mirando hacia adelante, hacía su sueño, y un embarazo no debería poder impedirlo, pero lo consigue. Kate Winslet es todos los matices y Leonardo DiCaprio tiene que aplastar cebollas de dolor contra sus ojos para que me lo crea (y ni así).

      Empecé a ler esa novela de Richard Yates en algún momento impreciso de hace unos años y me despisté de la lectura sin querer, pero es que ahora no sé ni dónde la tengo. Así que me conformé con la película de Sam Mendes en Netflix, podría conformarme con cualquier cosa que me mostrase los años 50 en América.

      También fui al cine a ver la de Spielberg, Los archivos del Pentángono; que va de lo mismo: de una mujer tratando de esquivar lo que se espera de ella. Había leído la autobiografía de Katherine Graham, la niña que residía en la belleza sólida, la viuda qeu que aprendíó sobre el escenario que era responsable de una empresa delicada, un periódico. La película cuenta cómo debe traicionarse a si misma, a su élite y a sus amigos para que el Washington Post no acabe roto como la mayoría de la frágil papiroflexia informativa. A Meryl Streep puedo reconocerla como Katherine Graham y casi como lo que quiera ella. Le daba la réplica Tom Hank, a quien la muerte no le enfriará la expresión.