ESPERANDO AL SÉPTIMO DE CABALLERÍA

27 septembre 2016

INTERIOR POP

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NUNCA VOLVÍ a hacer nada tan arriesgado cómo cuando tenía 17 años. Un domingo, después de misa, compré la revista Popular 1 en el kiosco de Vivín. En la portada anunciaban un gran póster central de Iggy Pop. Su éxito del momento era Quiero ser tu perro. A mí me gustaba cantar I wanna be your dog, aunque no comprendía la frase. El cartelón en el que aparecía el cantante tenía metro y medio de alto según lo desplegabas. Desde el tiempo en que Interviú tenía el monopolio del erotismo envuelto en información no había visto anunciar nada de dimensiones tan colosales. El póster ocupaba el corazón de una revista de rock, pero bien podía ocupar el alma de la Penthouse. La fotografía estaba centrada en la silueta del cantante Iggy Pop. Se le veía de cuerpo entero sobre un escenario. Desnudo de medio cuerpo para arriba. El pantalón desabrochado. Iggy Pop tenía el micrófono en una mano y algo similar a un micrófono que le sobresalía por la bragueta en la otra. Como yo quería poner el cartel tras la puerta en la casa paterna, se me ocurrió doblarlo por la mitad. Dejé a la vista la parte superior, la casta. Cada noche, volvía a pegar con dedicación el celo para evitar que se desplegase ante de mis padres. Nunca preguntaron por la especie de champiñón que asomaba sobre la línea inferior. Una tarde de domingo cogí un autobús para ir a estudiar a Santiago. Volví el viernes. Iggy Pop ya no estaba tras la puerta.

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21 septembre 2016

LA GLACIAL

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EN LOS SUPERMERCADOS y en los corros paternos ante los vestuarios futbolísticos escucho ironías sobre esta campaña electoral que entró en bucle el año pasado. Yo no protesto. Nunca nadie -ni mi madre, ni el más amado amigo- hizo unas profecías tan bonitas sobre mi futuro como las que formulan los candidatos. Mis ojos nunca tuvieron un brillo igualable a cuando miran unos comicios. Dan ganas de grabar los mítines con el móvil y escucharlos una y otra vez hasta ser capaz de repetir cada palabra luminosa. «Tendrás un Ave de Lugo a Ribadeo, comerás fuentes de percebes en las fiestas de guardar, volveremos a poner en marcha el camión naranja de gaseosas La Glacial de Riotorto...». Las campañas están preñadas de una tensión dramática entre las promesas de mejora de los gobernantes y las promesas de cambio que hacen los aspirantes. Esos anuncios son un engaño romántico que nos hacemos los políticos y los votantes para ser felices. Lo malo de las campañas es que acaban siendo luz de gas. Este sábado morirán las ilusiones hasta que renazcan en una nueva convocatoria electoral. La proyección sobre la maravillosa vida posterior que nos espera el 26-S en Galicia se esfumará. Los candidatos dejarán de prometer. El sábado harán el mismo que cualquier persona en el fin de semana: escucharán la obertura de Tannhäuser, harán 150 kilómetros en bicicleta y cocinarán pularda rellena de foiegrás.

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20 septembre 2016

CAMINO CONTRA EL SOL

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Camino contra el sol por los campos de Ove, que descienden hacia Ribadeo. La luz como cae nuestro tiempo de vida. Al morir nos volvemos un poco más bajitos, creo que unos centímetros; aunque no lo sé por ningún tratado científico, sino porque se lo leí a Pierre Michon en un cuento. También nos volvemos más plácidos. Los viejos andan siempre incómodos cuando caminan ya hacia el sol del atardecer porque nadie les ha explicado en que consiste la muerte: si escuece o si deslumbra. Nadie les ha informado de que la muerte no molesta más que apagar la luz cuando estás muy cansado, pero quieres seguir viendo la película. Pero no tiene nada de enervante. Tienes que guardar unas horas de reposo para dar tiempo al cuerpo a adaptarse a ese nuevo estado, que es como ponerse a régimen severo, pero después puedes salir a la calle con normalidad. En la madrugada de ayer estuve viendo La noche de los muertos vivientes y, bueno, los fallecidos non tenían atributos singulares. Había uno con la camisa recogida en el pantalón por un cinturón de cuero, y una señora un poco loca y un poco despeinada, y un hombre de mediana edad al que la muerte había soprendido en albornoz y que caminaba con el cinturón desatado y el albornoz abierto. Bueno, como pasa en la vida.

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13 septembre 2016

LA SOMBRA DEL ÁNGEL DE LA GUARDA

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LA PROMESA más bonita que te pueden hacer en estas jornadas largas de ahogo es un atardecer con el disco de oro de la baraja acostándose sobre Ribadeo. Nunca amé tanto las sombras como en este verano que se prorrogó como si tuviese la trascendencia de los Presupuestos Generales del Estado. Aún ayer sentí toda la vergüenza de que Celso me sorprendiese haciendo un camino zigzagueante de vuelta a casa. Nada comentó porque es discreto, pero me sentí obligado a señalar el sol iracundo para justificar la causa de andar erráticamente, como se caminase sobre un tablero de la oca. Cuando lo encontré iba pensando en La maravillosa historia de Peter Schlemihl, que escribió Adelbert von Chamisso en 1814. En ese relato, Peter vende su sombra al Demonio. A cambio de entregarle esa silueta oscura, que no tiene mayor función que confirmarnos nuestra presencia en el mundo, Peter recibe un saco infinito de monedas valiosas. Desde niño relaciono mi sombra con el ángel de la guardia. Ese ángel viene siendo un escolta gratuito que nos ponen a los de Bilbao según nacemos. Jorge Fernández Díaz también tiene el suyo aunque nació en Barcelona. Le adjudicaron un ángel de la guardia por ser ministro del Interior. Fernández Díaz y más yo debemos de tener razón en valorar nuestras sombras. El personaje de Chamisso, que la vende sin reparos, provoca desconfianza entre los demás al carecer de sombra y acaba solo.

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06 septembre 2016

LA MUERTE EN ALBORNOZ

 

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Camino contra el sol por los campos de Ove, que descienden hacia Ribadeo. La luz cae como nuestro tiempo de vida. Al morir nos volvemos un poco más bajitos, creo que unos centímetros; aunque no lo sé por ningún tratado científico, sino porque se lo leí a Pierre Michon en un cuento. También nos volvemos más plácidos. Los viejos andan siempre incómodos cuando caminan ya hacia el sol del atardecer porque nadie les ha explicado en que consiste la muerte: si escuece o si deslumbra. Nadie los ha informado de si la muerte molesta más que apagar la luz cuando estás muy cansado, pero quieres seguir viendo la película. Pero no tiene nada de enervante. Tienes que guardar unas horas de reposo para dar tiempo al cuerpo a adaptarse a ese nuevo estado, que es desagradable e irritante como ponerse a régimen severo, pero después puedes salir a la calle con normalidad. En la noche de ayer estuve viendo La noches de los muertos vivientes y, bueno, los fallecidos non tenían atributos singulares. Había uno con la camisa recogida en el pantalón por un cinturón de cuero, y una señora un poco loca y un poco despeinada, y un hombre de mediana edad al que la muerte había sorprendido en albornoz y que caminaba con el cinturón desatado y el albornoz abierto. Bueno, como pasa en la vida.

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09 août 2016

LOS CUERNOS AL SOL

El domingo me pareció que hacía sol. Vivir desacompañado en un sótano con un ventanuco anima a sentirse reconfortado (como el preso ferozmente incomprendido por los inquilinos del pasado que fue Oscar Wilde en Reading), pero dificulta contemplar la vida. Me sobrepuse y salí a dar un paseo por las Cuatro Calles de Ribadeo (Cuatro Calles, no Catro Rúas; en español desde el siglo XVIII. Lo sé porque los bárbaros arrasaron la Ilustración gallega de Ibañez en ese cruce). Entré en la librería de Andrés para comprarme la Jot Down Smart, que nunca había visto en papel. Por lo que olisqueé en internet me parece la publicación más sugerente que ha salido en España desde 1984. No la he leído porque Chef's Table ocupa mi sofá de cuero gastadopero he dejado correr las páginas. Y bien. Es bonita. Me gusta su uso contenido de la fotografía (y el blanconegrismo de las imágenes), me gusta el manejo de la tipografía para realzar las páginas. Me disgustan los pasajes visualmente muertos y las piezas que comienzan en par (desconcierta sobre el comienzo de las piezas). Con la Jot me dieron El País. Emociona que un periódico notable y panhispano como El País dedique una página a la relación de Thomas Bernhard con Salzburgo y con Austria. Decepciona que Rubén Amón se moleste en escribir tantos caracteres para que trasluzca que no ha leído su obra o, en el peor de los casos, no la ha entendido. En un artículo inferior, Juan Cruz llueve sobre mojado. Copia dos párrafos de un libro para elevar su texto a la categoría de artículo que adorna con los tópicos falsos que ya contaba Amón. Bernhard padecía una parafilia con Salzsburgo y Austria. Amaba su ciudad y su país con tanta intensidad que odiaba que no respondiesen a su modelo. Se pasó la vida escribiendo su decepción. Lo hizo tan bien que alentó imitaciones. Peter Handke es el mejor doblador que ha tenido, pero (no Rubén Amón, no) Bernhard no sentía condescendencia hacia él. Lo despreciaba con intención. Ese rechazo visceral hacia lo que uno ama se hace complejo de entender en España, donde los intentos de perfección provocan bostezos y burlas, donde el último modelo de innovación cultural fue Alaska (hasta que adoptó a Mario Vaquerizo y pese a que yo reconozca que ser tertuliana de Jiménez Losantos es de un revisionismo vintage). El último refugio de la modernidad española es Jot Down una revista trazada con buen gusto. No hay más. Es una pena, pero los españoles llevan desguazando ilustrados que salen al sol en el cruce de las Cuatro Calles desde el siglo XVIII.

01 juillet 2016

MIS PRIMOS SON VESTIGIOS

De un tiempo a esta parte todo cumple cincuenta años. Bien, es mi sensación. A otros les parecerá que todo cumple 7, o 77. Miro las cosas, miro las canciones de Elvis, miro los anuncios de La Casera,... todo anda rondando el medio siglo. El presidente de la Diputación Provincial de Lugo, por ejemplo. Desde hace unos meses, mi madre me manda por wathsapp fotografías oscuras de cuando éramos niños y nos peinábamos el flequillo hacia un lado. Los amigos de mi infancia se mueven de un modo cada vez más lento y cauteloso, mis primos empiezan a parecerme un vestigio. Hacia el izquierdo en mi caso, porque soy zurdo. La verdad es que tengo familiares con tendencia a la inmortalidad. Su piel se muestra poderosa, preparada para soportar otros miles de soles, lluvias y vientos. Pero mis posibilidades de heredar su genética no me consuelan. Observo con temor el trabajo de los arqueólogos. Lugo, que es la capital de Galicia romana, tiene un notable porcentaje de población arqueóloga en su censo. Puedes encontrarte un arqueólogo a nada que se asomes al centro de la ciudad. Cada vez que reflotan del subsuelo un resto romano con más de cincuenta años siento que curiosean en mi intimidad. Me gustaría que los historiadores dejasen de recordarnos el paso del tiempo con esos cepillos delatores que esgrimen para limpiar la tierra pegada a los cráneos, las monedas y las vasijas. Aristóteles distinguía entre el azar de cavar para plantar un olivo y encontrarse con un tesoro, y la suerte de cavar buscando un tesoro y encontrarlo. Los arqueólogos no dan una oportunidad a nuestro azar. No, buscan la suerte. Salen de su oficina arengados por sus jefes en la certeza de que el carbono 14 es la Verdad Revelada, matemética pura; de que nadie puede toser en dirección a su veredicto. Ponen fechas al tiempo ido como se fuesen balizas para indicar la pista de aterrizaje en un imposible regreso al futuro.

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25 juin 2016

EL RÍO QUE CAMBIA

El filósofo John Locke se preguntaba si un calcetín remendado varias veces era el mismo calcetín. Todo lo que hizo Locke al reflexionar sobre su calcetín fue vulgarizar a Heráclito. Usted ha leído enésimamente que "ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos". Heráclito se refería a la vida, a que todo cambia continua e irreparablemente. Vivir es un oficio que solamente se aprende practicando, aunque los libros de filosofía son útiles para auxiliar en la toma de decisiones. El viento arduo que sopla llevando las lecciones de los pensadores clásicos es que nos da pereza tratar de entenderlos. Preferimos la máxima de "partido a partido" de Simeone. El entrenador viene a decir que la mejor manera de llegar al final de una carrera de obstáculos es afrontarlos individual y progresivamente. Consiguió que elevásemos esa obviedad a la categoría de guía vital. Partido a partido. ¡Buf! No contentos con conducirnos con ideas simples, recurrimos a libros de autoayuda, que niegan la visión general de los filósofos para concentrarse en asuntos mínimos y superficiales. Hay una carrera de timadores animándonos a dejar todo para alcanzar nuestro sueño. Anularon el Plan B y apostaron su futuro a una posibilidad remota. Ganaron. Pero sus biografías nunca hablan del ejército de soñadores que pusieron su ficha en el 13 rojo y perdieron hasta el betún de los zapatos. Uno puede verse condenado a bañarse en el mismo río toda la vida si tiene la desgracia de quedar atrapado en un embalse.

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07 juin 2016

LAS CEREZAS DE PULGARCITO

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A veces salgo a dar un paseo por la muerte ajena. No es una obsesión, ni siquiera es frecuente. Hace unos mediodías me coincidió pasar ante un tanatorio católico y me asomé. Nada tuvo de acto consciente más que la intriga que nos despierta que se marche un desconocido: es una muerte que no nos duele, o que, al menos, no nos supone una molestia mayor que tener un revés en Bolsa o sufrir el blindaje que cerca el corazón de una mujer. Me asomé y una señora, que era morena y que recorbaba haber sido guapa, me invitó a entrar deduciendo que yo era despistado o tímido, que soy ambas cosas. Entré, pero, una vez dentro, traté de darme la vuelta en el recibidor balbuciendo algo en francés. Mi anfitriona en la celebración póstuma quiso suponer en ese gesto de confusión que estaba buscando el libro de firmas. Me lo indicó estirando el brazo en un gesto breve y suficiente como si no quisiese incomodar a los familiares del muerto, que, por otra parte, eran tres y estaban distraídos evaluando el escándalo de los jugadores de la Selección Española de fútbol. "¿Quién recurre a una prostituta si le está esperando Edurne?", razonaba un hombre mayor, que tenía un bigote razonable, proyectando en Edurne un ars amandi equiparable a su cuerpo y a su dentadura grimosamente blanca. Y una mujer -bastante más joven, pero con su misma nariz severa- asentía. Tras desear al muerto "que Dios lo acoja en su seno con toda su misericordia", puse un nombre falso y un número de carnet improvisado, e hice un dibujo muy en la línea del último Miró, sencilla y efectiva, para firmar. En ese momento sí que trate de marcharme con un poco más de convencimiento, pero la mujer morena y siesa que había sido bella me cogió por el brazo -como si fuese un ciego al que hubiese de guiar- para conducirme a la dependencia en la que estaba el cadáver. En los velatorios, los muertos son exhibidos con una inmoralidad discreta, casi con mal gusto perverso. Se los ve dentro de las cajas de madera barnizadas, que se inclinan hacia delante, tras un escaparate. La sociedad del espectáculo, demonizaba Guy Debord. La muerte nos encoge unos diez centímetros y a este fallecido lo había dejado en un ridículo tamaño de jockey hípico. Tenía grandes las orejas, pero tampoco burlonamente, y las sienes hundidas. Vestía un faldón largo y negro de cura con una botonadura roja que parecía una hilera de cerezas dejadas por Pulgarcito para recordar el camino de vuelta a la vida.

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01 juin 2016

LA ASPEREZA DE LAS ESTRELLAS


HAY MÉDICOS MALOS y buenos enfermos. Y viceversa. El escritor austríaco Thomas Bernhard debió de ser un paciente irritante. Alimentaba unas relaciones tensas con los especialistas que lo trataron del pulmón. Los mejores doctores de Europa consultaban en su Viena. Bernhard estaba convencido de ser mal enfermo por culpa de los profesionales. Como no sabían curar, hacían diagnósticos incomprensibles: "Sitúan el latín entre ellos y sus víctimas". El latín nunca se me dio bien pese a que lo estudié en Ribadeo. La dentadura inestable de mi profesora se interponía entre yo y el aprobado. No la comprendía cuando explicaba. El cinco era mi estrella inalcanzable. Puede que el músico Iván Ferreiro tuviese en Nigrán -que es un villa de la Gallaecia, como Ribadeo- una profesora a la que no se le movía la dentadura cuando pronunciase pedes in terra ad sidera visus. Ferreiro lo canta en Cómo conocí a vuestra madre: "Los pies en la tierra, la mirada en el cielo". Me parece que el padre de Manuel de Lorenzo le enseñó una valiosa frase en latín: Ad astra per áspera. Este salmo advierte de que a las estrellas se llega por el camino más difícil. Una vez se lo leí en la cara interior de un brazo. De Lorenzo estaba comiendo dos mesas al noroeste de la mía, en el restaurante O Pingallo de Ourense. No todos los marineros saben latín, pero saben que la estrella que persiguen cuando zarpan se encuentra al otro lado de los peligros de la travesía. Esa estrella les proporciona valentía, aunque saben que nunca tocarán su plasma áspero, frío y azul con la punta de los dedos.

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