El filósofo John Locke se preguntaba si un calcetín remendado varias veces era el mismo calcetín. Todo lo que hizo Locke al reflexionar sobre su calcetín fue vulgarizar a Heráclito. Usted ha leído enésimamente que "ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos". Heráclito se refería a la vida, a que todo cambia continua e irreparablemente. Vivir es un oficio que solamente se aprende practicando, aunque los libros de filosofía son útiles para auxiliar en la toma de decisiones. El viento arduo que sopla llevando las lecciones de los pensadores clásicos es que nos da pereza tratar de entenderlos. Preferimos la máxima de "partido a partido" de Simeone. El entrenador viene a decir que la mejor manera de llegar al final de una carrera de obstáculos es afrontarlos individual y progresivamente. Consiguió que elevásemos esa obviedad a la categoría de guía vital. Partido a partido. ¡Buf! No contentos con conducirnos con ideas simples, recurrimos a libros de autoayuda, que niegan la visión general de los filósofos para concentrarse en asuntos mínimos y superficiales. Hay una carrera de timadores animándonos a dejar todo para alcanzar nuestro sueño. Anularon el Plan B y apostaron su futuro a una posibilidad remota. Ganaron. Pero sus biografías nunca hablan del ejército de soñadores que pusieron su ficha en el 13 rojo y perdieron hasta el betún de los zapatos. Uno puede verse condenado a bañarse en el mismo río toda la vida si tiene la desgracia de quedar atrapado en un embalse.