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Esta madrugada me desperté con la garganta seca y ansiedad por hacer algo original, clandestino y fugaz. Subí la persiana y abrí la ventana con un par en par al frescor cálido de la noche. Cogí mi arco de tiro olímpico y lancé seis flechas, veloces y consecutivas, en dirección al parque de Rosalía de Castro, a unos doscientos metros de mi casa. A eso de las ocho, me asaltó la duda de poder haber tenido como diana a algún trabajador de la empresa municipal de jardines que empezaba la jornada o, lo más preocupante, a uno de esos patos rollizos de pan infantil que granan de modo desagradable y me inducen a desear cierta receta a la pekinesa. Comprobé que todas habían caído en zonas ajardinadas y que una había quedado colgada de un árbol, como si fuese una declaración juvenil de amor. Me sentí satisfecho de haber burlado a las autoridades de Interior porque en toda la mañana ninguna patrulla del 091, ni siquiera la de Juan, se me apareció en el telefonillo. El brillo se apagó porque no soporté la decepción de ser informado por el ministro de la cosa, Fernández Díaz, de que "Guardiola jugaba en la selección española por dinero". Ser independentista polaco y hacer cortes de mangas mentales mientras suena La Marcha Granadera en el Sánchez Pizjuán no es respetuoso, pero sí intensamente clandestino. Si el ministro lo dice, será verdad porque él lleva en nómina de Vocación de Servicio a España desde que, ultimando la pubertad, lo nombraron gobernador civil de Burgos y no acaba de ver la salida del túnel de su compromiso con España. Sospecho que tanto Guardiola como Fernández Díaz comparten el concepto de patria que expone Aristófanes: "Patria es todo lugar en el que las circunstancias nos son favorables". Es posible que Guardiola lo haya leído en Las nubes (ahora en Alianza) y que es probable que Fernández Díaz no lo haya leído, pero se lo hayan pasado en algún resumen de prensa. Hasta puedo considerar que el entrenador del Bayern se haya sentido catalán de la manera sumisa en la que, recoge Susan Sontag en Del boxeo, el excampeón de los pesos pesados Larry Holmes se sentía negro: "Es duro ser negro. Yo fui negro una vez, cuando era pobre". Cuando regresaba del parque esta mañana, pasé por la Farmacia Forján para comprar doscientos gramos de somníferos de corte fino. Delante de mí estaba un señor copagando un medicamento. "Trabajar toda la vida como un negrero para tener que pagar las medicinas...", se lamentaba. Los entrenadores, los políticos y los esclavistas profesionales nos parecen privilegiados, pero también tienen sus servidumbres.